23 de noviembre de 2013

Los géneros son un mapa, pero el mapa no es el territorio

Volvimos a las breves entrevistas a escritores sudacas. En este caso, Carlos Gardini, que nos habla sobre su último libro, La Ciudad de los Césares, y de otros temas que invitan a la reflexión.
 
¿En qué momento de tu vida llega La Ciudad de los Césares? ¿Qué significa este libro para vos?
 
 
Por esas casualidades/causalidades, la propuesta para publicar el libro llegó justo cuando tenía que llegar, es decir, una vez que escribí el cuento que le da título. Tengo la sensación de que todas estas visiones conducían a “La Ciudad de los Césares”. Eran fragmentarias y ahora son una. Significa el final de un viaje, y el principio de otro.
 
¿Con qué criterio fueron seleccionados los cuentos de esta compilación?
 
 
Ante todo, ninguno de estos cuentos estaba publicado en libro (libro de mi autoría,  quiero decir, porque algunos estaban incluidos en antologías). Por otra parte, quería dar cierta coherencia al conjunto. Descubrí que me las veía con un autor bastante obsesivo, así que no fue difícil encontrar ejes temáticos: la magia del mar, las ciudades secretas, la pérdida de la inocencia, etc.
 
Noto en tus cuentos y novelas, y es quizás lo que más me fascina de tu narrativa, una prosa muy cuidada. ¿Es algo que sale naturalmente o es fruto de mucho trabajo?
 
 
Lo único que sale naturalmente es la mediocridad. Y el trabajo es necesario pero no suficiente. Se trata de una disciplina para afinar la visión, y a veces yo la definiría como una pelea: la lucha de Jacob contra el ángel de la chatura. Y a veces gana el ángel.
 
En el apartado dedicado a la ciencia-ficción argentina de su libro Ciencia Ficción. Utopía y Mercado, Pablo Capanna dice que sos el autor local más volcado al género. Sin embargo, cuando repasamos los cuentos de La Ciudad de los Césares, a simple vista no hay vestigios de ciencia-ficción. ¿Simple casualidad o hay un viraje intencional por tu parte hacia el fantástico?
 
 
Ni una cosa ni la otra. A pesar de todo, he escrito pocos cuentos que se puedan definir como ciencia-ficción. ¿Para qué complicar lo que es sencillo?
 
¿Tiene sentido seguir hablando de “géneros literarios”?
 
 
No sé si tiene sentido, pero personalmente me aburre un poco, y a veces causa confusiones innecesarias. Ejemplo, la pregunta anterior: se me atribuye una intención y luego debo dar explicaciones por no respetarla. Los géneros son un mapa, pero el mapa no es el territorio.
 
Más allá de la controversia de los géneros, ¿cómo ves la ciencia-ficción y el fantástico en general en nuestro país?
 
 
Si hablamos sobre lo que se hace hoy en día, soy el menos autorizado para opinar sobre esto. Mi visión es muy limitada, porque últimamente he leído pocas cosas nuevas y no estoy vinculado a ningún movimiento, taller ni organización. Esta pregunta es más indicada para los que bregan por la difusión de nuevas voces desde las publicaciones que dirigen: gente como Luis Pestarini, Laura Ponce, Daniel Vázquez, etc. Y sin duda muchas de esas nuevas voces se hacen oír: Pablo Dobrinin, Teresa Mira de Echeverría, Germán Amatto, Néstor Toledo, Alejandro Alonso, Claudia Cortalezzi, por nombrar algunas. O también aparece una novela tan inquietante como El corrector de la historia, de Gabriel Guralnik.
 
¿Podrías mencionar un autor internacional y otro nacional que, según tu criterio, se destaquen sobre el resto?
 
 
No, imposible. Hay demasiado talento en el mundo para limitarse a dos autores. Sin pretensiones, puedo señalar y recomendar algunos favoritos: The Bloody Chamber, de Angela Carter; Las ciudades invisibles, de Italo Calvino; Beast of the Heartland, de Lucius Shepard; La quinta cabeza de Cerbero, de Gene Wolfe; Solaris, de Stanislav Lem; Autobiografía de Irene, de Silvina Ocampo; Story of Your Life, de Ted Chiang.
 
Curiosamente, en Argentina la mayoría de los lectores pareciera conocerte más por tu rol de traductor que de escritor. ¿Qué explicación le das a esto y cómo te lo tomás?
 
 
Una falla en mi departamento de relaciones públicas. Lo tomo con escéptica indiferencia.